Lobo blanco, oveja negra

2008-03-14

Lobo blanco, oveja negra

Una oveja que nunca lo fue, porque en su alma residía un lobo. Un lobo con disfraz de oveja que fue tentado a viajar con el rebaño, que dejó atada a la bestia para abrir la puerta de su cercado y encontrar su lugar.

Sólo tropezó con esculturas de hielo en el rebaño de ovejas, y el reflejo de un lobo se descubría sobre la superficie gélida de las almas grises. Reflejos con insinuación de amenaza. Amenaza que infundía odio y rechazo. Rechazo moldeado con afiladas espadas infernales, forjadas sobre los vastos lagos de ignorancia. Y debajo del hielo, humo negro. No era lugar para un lobo. Ese no era su mundo.

Un lobo maltratado, un depredador subversivo que se tornaba diáfano con la luz del día, acompañado por la deprimente imitación de la oveja que simulaba ser. Seres inefables caminaban sigilosos sobre el rígido pavimento de piedra. Cimientos tiranos para incontables ovejas absurdas. Y debajo del empedrado, humo negro. No era lugar para un lobo. Ese no era su mundo.

Las ovejas temían al lobo y el lobo huyó de las ovejas. Regresó a la estepa y desató a la bestia. La sangre sería señal de su inconsciencia; heridas perpetuas, un reloj que no avanza y una existencia eterna. Ovejas banales aguardaban a ser devoradas en la inagotable paz del vacío. Escuchó las melodías distantes de otros lobos fugitivos que aullaban en la distancia, abrazado por la serenidad del resplandor de la luna. Ese era el lugar de un lobo. Ese era su mundo.

Clasificación: Imagen,Literatura

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Roberto Gordo Saez

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