Fractales, imágenes generadas con algoritmos computacionales, contenido abstracto. Literatura, ficción, surrealismo. Arte. Fotografía. Software libre, copyleft. Libertad.
2008-01-05
Durante la despiadada batalla entre la luz y la oscuridad, un osado rayo de luz se atrevió a iluminar la cumbre más alta de las tierras del destino. Un rayo de luz majestuoso, como nadie había contemplado antes. La belleza de sus destellos no decreció jamás, sino que aumentó incesantemente durante el devenir de las adversidades.
Cumplidos incontables eones, amaneció un nuevo, lúgubre paisaje en las tierras del destino. La oscuridad venció a la luz, el cielo se cubrió de tinieblas, las nubes huyeron, se apagaron las estrellas y los vastos abismos de oscuridad se perpetuaron sobre la tierra. Pero el rayo de luz majestuoso no se retiró ante la proximidad de la poderosa inmensidad sombría. Permaneció inagotable con toda su fuerza sobre la cumbre; continuó iluminando el lugar con su infinita belleza.
La luz, imperturbable y solemne, presidió eternamente la cumbre más alta de las tierras del destino. Tan imponente era su brillo que la oscuridad nunca se atrevió a reinar allí. Tan sublime era su fulgor que los abismos más tenebrosos sucumbían ante su presencia. Y así, en tensa armonía, la luz coexistió eternamente con la oscuridad y siempre será recordado que, en el reino de las tinieblas, una vez hubo luz.
2007-12-14
Se están acercando. Puedo percibir el aullido del destino que reclama mi presencia. Puedo ver sus túnicas invisibles, oír sus pasos inaudibles. Los fantasmas del pasado han vuelto, me han encontrado, saben dónde estoy.
La noche se aproxima y con ella su poder inalienable. Esta vez no buscaré un nuevo destino; la niebla oculta el rumbo, la dimensión temporal se congela, todo cambia para continuar como siempre.
Etéreos, incorpóreos, no hay lugar donde esconderse. Esta vez dejaré que me capturen. Tomaré sus cadenas y aprenderé a vivir encadenado. Tomaré sus grilletes, aceptaré su condena, pero no sentiré dolor.
Los fantasmas del pasado me esperan. El impasible silencio de sus voces obstruye cualquier resquicio abierto a la deserción. Atrás queda un mundo pernicioso. Esta noche aparecerán de nuevo y se quedarán conmigo. Esta vez no voy a huir.
2007-12-06
En un lugar distante de un mundo lejano, escudado por enormes montañas rocosas, crecía el árbol más grande de los idílicos e interminables jardines de la comarca. Cuando el jardinero lo encontró por azar, concentró en él todas sus atenciones. Permanecía largos ratos contemplándolo; vigilaba continuamente su estado, dispuso un cercado de alambre a su alrededor y lo cuidó con dedicación.
Con el tiempo, el árbol comenzó a marchitarse, sus hojas caían y su belleza se apagaba inexorablemente. Nada pudo hacer el jardinero por su árbol protegido, pese a que intensificó sus cuidados por encima de cualquier otra tarea, hasta el punto de desatender su propia existencia. De nada sirvió su tiempo. Los frutos de su esfuerzo eran invisibles; tan insignificantes e inapreciables que su entusiasmo se transformó en desesperación y acabó por disiparse como una gota de agua que cae en un lago.
El jardinero se marchó, sus anhelos de salvación cedieron y el árbol quedó abandonado a su suerte. Caminó por la comarca, buscó nuevamente los árboles a los que había abandonado, centró su atención en otras áreas del jardín y olvidó visitar durante un largo periodo al que una vez fue su árbol protegido.
Tendría que pasar mucho tiempo hasta que el jardinero volviese a pisar las montañas rocosas. Cuando regresó, esperaba hallar los restos inertes del árbol que dejó allí; sin embargo, lo que encontró en el lugar era muy diferente a lo que había imaginado. El árbol había vuelto a renacer, lleno de vida, tan grande y fuerte como en su primer encuentro.
Con infinita tristeza, comprendió entonces el jardinero que era su presencia la que perturbaba la paz, su sombra obstruía la luz del sol, sus pisadas agrietaban la tierra, sus cuidados alteraban la normalidad del entorno, su atención era un obstáculo situado en el centro de la trayectoria natural. Comprendió que debía apartarse porque, mientras estaba lejos, el árbol seguiría creciendo; a pesar de no poder verlo, seguiría siendo el más bello. Comprendió que, para que el árbol más grande del jardín pudiera vivir con todo su esplendor, debía dejarlo crecer en libertad.

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